miércoles, diciembre 19, 2007

Carta a mi suegro


Miércoles 20 de Diciembre 2007

Diego:

Hace 10 días, después de pasar 21 noches en terapia intensiva, tu corazón dijo chau, y te fuiste de nuestras vidas sin poder decirnos adiós. Tu último pedido fue que te durmieran. Supongo, para que el dolor no fuera tanto y también, porque tus pulmones, después de 40 años de pucho, seguro te jodían. Te durmieron y por desgracia -cosas de la vida- no pudiste despertar más...
Hace 10 días Nevi, tu hija, me llamó llorando a la mañana para contarme que te nos habías ido para siempre. Te juro que sus palabras, su tono, sus lágrimas, que no veían pero escuchaba, van a quedar grabadas en mi memoria; como todos los recuerdos que compartí con vos que durante 6 años me recibiste como a un hijo más, siendo yo tu yerno.
Después de negar la realidad durante varios minutos, como si diciendo que "No" el tiempo volviese atrás, comprendí que no ibas a estar más cuando yo viajara a Salta de vacaciones. Sentí, en lo más profundo de mi ser que tenía que ir a decirte chau y me tome el primer avión. Llegué a eso de las 8 de la noche; a vos ya te estaban velando. Tarkaya me fue a buscar y en el camino, mientras me hablaba, te juro que se iba forjando un nudo en mi garganta que no me permitía responderle. Todo el trayecto fui callado, intentando controlar mis lagrimales para cuando viera a la familia.
Llegue y explote. Abrace a Nevi y empecé a sentir cómo las lágrimas recorrían mis mejillas. Después salude a Ricky y lo abrace fuerte porque, a pesar de ser el mayor, es quizás el más frágil de los chicos. Después me cruce con Ale, lo abrace y volví a llorar. Por último, entre a la sala donde estabas vos. Vi a Adita, mi suegra, tu esposa, y corrí a abrazarla lo más fuerte que pude. Ahí, las lágrimas no me importaban y lloré largo y tendido.
Entonces fue cuando Nevi me llevó a verte. Fuiste el primer ser querido que perdí y sentí. Murieron familiares míos, pero esta fue la primera vez que yo sentí, de verdad, ese dolor inexplicable. Cuándo te vi, no lo podía creer. Tenías una sonrisa dibujada en el rostro, como diciendo "no se preocupen, ya estoy mejor". De refilón espiabas todo, tu ojo izquierdo no se dejaba cerrar. Parecías dormido. Esa va a ser la última imagen tuya que conservaré. ¿Y sabes qué? Te fuiste con una sonrisa, pero que nos llenó de tristeza. Contradicciónes de la vida, supongo; yo que se...
Tu velorio se llenó de gente, amigos, familiares conocidos. Pero además de Adita, Nevi y los chicos, me voy a quedar dos solamente, con los dos que más me impactaron por cómo tomaron tu partida. "La señora Tía", Manuela, fue con sus 94 años a cuestas y en su silla de ruedas. Prefirió no verte, pero te acompañó y te lloró. Apenas llegó, dijo que quería irse con vos. Creo que no soportaba un dolor tan inmenso. Eras, para ella, su único sobrino. Pero en el fondo sabe, infiero, que es sólo una cuestión de tiempo su reencuentro.
El otro que me llenó de compasión fue el gordo del taller. No se cómo se llamaba, pero fue conmovedor verlo llorar por vos. Yo me había quedado dormido en un sillón y de repente me desperté con un llanto agudo. Por la hora y el timbre de los lamentos, pensé que era Adita. Me levanté a ver si necesitaba algo y encontré al gordo abrazándote, sumido en lágrimas y gritando de dolor. Eran 250 kilos de lágrimas; otra imagen inolvidable. Después se serenó, nos pusimos a charlar y me dijo: "Gran parte de lo que soy, se lo debo a Diego". En esas once palabras resumió tu pérdida y fue un momento increíble.
Más tarde llegó la parte más fea: la despedida final. Cerraron tu ataúd y todos lloramos desconsolados. Esa fue la última vez que te vimos. Desde ese segundo tu imagen pasó a formar parte de nuestros recuerdos indelebles que conservaremos celosamente durante el resto de nuestro días.
Sólo quería contarte como fue nuestra despedida y dejar inmortalizado ese momento. ¿Me olvido algunas cosas? Seguro. ¿Me guardo otras? También. Sólo vos, suegro, y yo sabremos cuáles. Sólo me resta agradecerte por tratarme como a un hijo más y por aceptarme como novio de tu hija, tu nena, Nevi. "Todos los que te conocieron te querían"; eso es lo último que te escribo en esta carta que se hizo extensa.
Hasta siempre suegro...

Adio!