sábado, septiembre 19, 2009

La Ley de Medios por Miguel Wiñazki

Miguel Wiñazki, periodista, filósofo, pensador y autor libros como "La noticia deseada", "Moreno", "El último feudo" y "El Adolfo", entre otros, volcó en el Senado su opinión del estado de debate de la nueva ley de Medios. Hizo una genealogía desde aquel "Qué te pasa Clarín, estas nervioso..." hasta nuestros días, para desentrañar la urdimbre de sentidos complejos que substancian toda la discusión. Fue, por lo menos, brillante. La filmé toda, el audio es malo, pero lo transcribí todo acá a continuación.



Qué te pasa, qué te pasa es vení a pelear, qué te pasa conmigo y es te voy a derrotar y es una invitación a un juego de suma cero, o ganas vos o gano yo, es una estructura de la polarización, una convocatoria a la polarización.

Hay que volver a preguntarse por alguna de las connotaciones o consecuencias de esta apabullante convocatoria al debate. Yo, personalmente, en base a esa invitación, me pregunto, qué es Clarín, qué es Clarín para el señor Kirchner. Qué, es Hemenigildo 'Menchi' Sabat, que la presidenta dijo que enunciaba un mensaje casi cuasimafioso, quién es Caloi, quién es María Seoane, que trabajo durante décadas en el diario y ahora es directora de radio nacional, quién es...


¿Es Oscar Raúl Cardozo? Lamentablemente fallecido, talentosísimo, y entiendo que kirchnerista, quién es Clarín, entonces qué hace Kirchner con este procedimiento discursivo, con este intento de demolición semiótica del debate; lo que me parece a mí, es borrar al periodismo y a los periodistas.

Es decir, Clarín es Clarín y todo lo que está adentro será imputado de portación de patrón. De un container que invalida, entonces, la generación de periodismo propiamente dicho, se trata de un procedimiento discursivo que inmediatamente, convoca al consignismo, al maniqueísmo, al patoterismo y al enmudecimiento. Entonces, si yo soy Clarín, no puedo hablar; si María Seoane es Clarín, tampoco puede hablar, no puede informar; es gravísima, a mi juicio, la nadificación de los periodistas.

Y de hecho con la excepción de FOPEA, prácticamente no ha habido palabra periodística en este debate. Y además, hay un proceso similar, vinculado al autoristarismo: si un periodista coincide con la ley de radiodifusión, porque esto invalida toda la posición, probablemente sea acusado de kirchnerista, como si fuese esto una deshonestidad. Y si coincide con la opinión que supuestamente tiene Clarín, será acusado entonces de subordinado, de esclavo a los intereses de esta empresa. Si trabaja en el grupo Vila-Manzano, será acusado por lo mismo, por lo tanto entonces es mejor callar, puesto que estamos en el reino de las acusaciones.

Y esto es una mordaza, no una Ley mordaza, esto es una mordaza, el consignismo.

El procedimiento discursivo, me parece a mí también, ancla la potencia de ciertas palabras claves, que son indiscutibles, por ejemplo: "pueblos originarios". Digamos "pueblos originarios" es irrefutable, todos coincidimos, salvo un asesino, en el derecho que tiene los pueblos originarios a expresarse; ahora si yo disiento con la Ley, es falaz suponer que estoy en desacuerdo con que los pueblos originarios se expresen. El término "dictadura", Ley de la dictadura, obviamente, la dictadura, el horror, naturalmente, el horror; pero si yo disiento con la ley, no por eso estoy a favor de la dictadura, es un espanto.

Hay un libro del Merleau Ponty, muy interesante, que se llama "Humanismo y terror", la tesis es que en el nombre del humanismo, tengo derecho a acusar y condenar, a juzgar, acusar y condenar, en el nombre de las buenas causas, es un fenómeno que ocurrió en la Francia de la posguerra, no importa, donde las imputaciones corrían a granel, son fenómenos naturalmente muy complejos.

Hay un refugio discursivo en lo irrefutable, nada es irrefutable, es un delirio como dijo el senador en la presentación, es un delirio tribal masivo, es un delirio como de tribu. El delirio es... yo observando esto con atención, observo tribus delirantes, que se hablan a si mismas, son barras de simpatizantes, eso es delirante, es decir, no hay posibilidad de encuentro, entonces ingresamos en esta situación delirante, acá hay locura, delirio más velocidad y premura es la locura.

Si estamos frente a esta ley, evidentemente necesaria e imprescindible, como producto de la locura y del delirio no veo un futuro muy propicioso.

Circula también una concepción del periodismo que es superficial, y otras vez anclada en lo que supuestamente es irrefutable, vinculada al concepto de libertad de expresión, a ver voy a tratar de hacer un circunloquio al respecto, según Luckmann, un sociólogo extraordinario, a este respecto de la comunicación, el poder es un medio de comunicación, que és el poder, que otra cosa hace un presidente si no hablar, comunicar, el poder es un medio de comunicación, el poder político es un medio de comunicación, ahora bien, la naturaleza profunda del poder político como medio de comunicación, legitima y esencial, es la publicidad de los actos de Gobierno. El Gobierno debe comunicar aquello que hace, esta característica inherente, esencial, necesaria al poder político, la publicidad de los actos de Gobierno, tiene una impronta disuasiva, yo comunico los actos de Gobierno e intento comunicar que son buenos, para tener naturalmente la atención de la ciudadanía, es necesario.

El periodismo tiene una característica diferente, dice Habermas, perdón por la cantidad de citas, tiene dos vertientes, por una parte y obviamente, es un esquematismo, es una maquina de reducción de complejidad, es simplismo, es manipulación y es oscurantismo, esos son los medios, claro; pero también tienen una impronta emancipatoria, son las dos cosas, ni la una ni la otra. Tiene una impronta emancipatoria, porque se lee, uno tiene que leer un diario, ver en Internet, porque hay opiniones diversas, hay que leer un diario, hay que leerlo, ni el Argentino es, imagino, uniforme, imagínense. Hay una impronta emancipatoria fundada, principalmente, en lo que yo llamo semiofísica de la información. No se puede ocultar la información mucho tiempo. Clarín será lo que Kirchner dice que es, pero no se puede ocultar la información mucho tiempo. La valija de Antonini Wilson no se puede ocultar por más que la empresa pretenda que no se enuncie. Skanska no se puede ocultar, el dinero de Santa Cruz no se puede ocultar, las tierra de El Calafate no se pueden ocultar, el presunto enriquecimiento ilícito no se puede ocultar; cuando hay información, la información perfora, es lo que yo llamo la noticia deseada.

¿Qué es la noticia deseada? El señor Kirchner tiene una noticia deseada, pero no de deseo psicológico, tiene intereses creados por los cuales pretende que las noticias que circulen sean las que le son favorables. Los dueños de los medios también tienen noticias deseadas. Obviamente. Los dueños de Clarín, los de Vila-Manzano, los de La Nación pretenden que las noticias que circulen, desean profundamente que las noticias que circulan los favorezcan. La opinión pública tiene una noticia deseada, no es el tema hoy, ratificar sus prejuicios, sentirse que tiene razón y defender intereses de clase, sociales y sociológicos. Y los periodistas tenemos una noticia deseada, tenemos intereses de clase, sociológicos, salariales... Ahora bien, el imperio de la noticia deseada es perforado un día por la información.

El señor Antonini Wilson trajo una valija con 800 mil dólares o no la trajo. Y si la trajo, para quien fue esa valija. ¿Fue para la campaña de Kirchner? Punto. Se terminó el deseo. Se rompe el imperio de los intereses creados que por otra parte es muy rico y debe substanciarse en el ámbito de los medios. Se terminó y adviene la información.

¿Que tiene que ver esto entonces con la ley de radiodifusión? Me parece que acá hay un mito, por eso yo antes hablaba de un circunloquio y ahora vuelvo al comienzo, y es el de que la audiencia no existe, de que como decia, como decía muy lúcidamente un periodista amigo mío el otro día, uno escucha mucho TN y sale gritando viva Biolcatti. Esa teoría de la aguja hipodérmica, por la cual se inyecta en las audiencias supuestamente una manera de pensar y una mirada, implica la subestimación radical de la audiencia. No hay estupidez en la audiencia, al contrario, la audiencia impera sobre los medios y los hace cometer un pecado muy grave que es el de la noticia deseada, que es el clientelismo mediático, para que coincidan los medios con las audiencias y vender así más. El proceso de construcción de la noticia no es lineal.

Entonces, ¿hay monopolio de la audiencia en la Argentina? Yo no habló en términos comunciacionales, económicos, no me importa diría en términos periodísticos, sino como ciudadano, en términos de circulación de la noticia. ¿Hay monopolio? ¿Hay un poder tutelar global que maneja como a uno le bate la opinión pública en la argentina? Digo que no. No solamente por una cuestión de mirada filosófica sobre el asunto y sociológica, sino porque lo prueba la audiencia, porque la audiencia es diversa, compleja, y porque no hay con absoluta mayoría un medio o un grupo de medios respecto de otros. No es así y mucho menos, en tiempos en los cuales hay un paradigma que está cambiando todo, que me parece que ha sido poco analizado.

Si ustedes escriben Néstor Kirchner en Google, Google no pone primera Clarín, una nota de Clarín, pone el diario Crítica que vende 3.000 ejemplares o lo que fuera. O sea que disgrega las jerarquías cualitativa de la producción noticiosa. Las nuevas audiencias, las nuevas generaciones, no registran exactamente algo omnipotente como Clarín, La Nación, o lo que fuera, sino que ingresan por un agregador de noticias, que produce una nueva física y semiofísica de la información.

Ahora bien, entre el delirio, la premura, la locura, el consignismo, el maniqueísmo, y el autoritarismo, que provoca este enmudecimiento, el hecho comunicacional que estamos buscando, la transparencia, la racionalidad de una nueva ley de comunicación están en serio peligro, y creo, estoy convencido, de que hay que buscar por otro lado. Muchas Gracias.

Adio!

2 comentarios:

Nicolás Tereschuk (Escriba) dijo...

El problema es que Clarín es lo que vimos en estos días, no es María Seoane. Son las columnas vergonzosas de Cantelmi, no las de Cardoso.
Para el caso, te digo. ¿Qué "locura y del delirio tribal masivo? ¿El de todos los rectores de las universidades nacionales? ¿El de todos los legisladores socialistas de Santa Fe? ¿El de toda la centroizquierda?
Por supuesto que el efecto de los medios no es directo, como pensará alguno por ahí. Pero no por eso el esquema actual de medios es positivo.
Saludos

Bruno Reichert dijo...

Una dicertación como minimo maravillosa! Hace mucho q no escuchaba una fundamentación de ese nivel