lunes, abril 30, 2007

La revolución que no fue

Libros

En Muertos de Amor, Jorge Lanata se adentra en la génesis del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) que, al mando del periodista Jorge Ricardo Masetti (proclamado "Comandante Segundo" por el Che), buscó "hacer la revolución" en Argentina.
El sueño del EGP era importar la gesta cubana a nuestras pampas, instalando, entre 1963 y 1964, un foco guerrillero al norte de Salta, desde donde se expandiría la revolución a través del reclutamiento de los campesinos. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en el 59´ en Cuba, la situación sólo fue una pesadilla que hizo añicos el proyecto de un nuevo hombre y una nueva sociedad en el país.
El EGP fue derrotado sin haber entrado nunca en combate, pero con dos bajas en sus filas... dos fusilados por traición. En pocas líneas esto cuenta la novela de Lanata: la historia de una revolución que no fue.

APUESTA NARRATIVA REFRITADA

No conforme con la estructura de una novela tradicional en la que descripción, diálogos y narración son pilares, Lanata recurre a la mezcla diferentes discursos y le presenta al lector cartas, declaraciones policiales, denuncias, poemas, charlas y diarios personales; son los papeles olvidados en la historia, que guardan testimonios imprescriptibles, los que dan cuerpo a la novela.
Al igual que en No velas a tus muertos de Martín Caparrós -a quien está dedicado en parte el libro-, en Muertos de Amor, Lanata explota este recurso al máximo, pero se empatana por momentos cuando transcribe inventarios de elementos de la guerrilla o descripciones técnicas de armas, que restan agilidad al relato, a pesar de su alto contenido informativo.
Es en las descripciones donde el autor se juega al máximo. Con un lenguaje sin vueltas, simple y directo pinta la crudeza del momento que vivió el grupo guerrillero antes y durante la trunca revolución.
Las charlas (o diálogos) son otra joya; aunque no queda claro si surgen de la imaginación del autor o de una árdua investigación periodística, le agregan verosimilitud y humanidad a lo narrado.
Algo que nadie podrá discutir (le haya gustado o no el libro) es la idoneidad de Lanata a la hora de decir y escribir puteadas. El periodista es uno de los grandes puteadores de la década. En las revoluciones se putea, incluso más que en cualquier otra situación, y eso Lanata lo sabe, por eso nadie mejor que él para colocar una puteada donde sólo cabe... una puteada.

AMOR, MUERTE Y REVOLUCIÓN

Al leer la novela queda claro que el amor y la muerte van de la mano en toda revolución. Aparece en varios momentos del relato: "Para hacer la Revolución hay que estar enamorado. No podés andar por ahí viéndoles defectos a todos, a todo. La Revolución es posible porque el amor es posible. Hay que estar enamorado de la sociedad".
La dicotomía entre Revolución y Muerte salpica cada instante de la narración. La muerte es algo seguro, la revolución lo que se debe lograr antes de morir o morir logrando...
Muertos de Amor es eso... la muerte de un grupo de cegados amantes de la revolución, un grupo de idealistas que entregaron su vida por lo que más amaban, y un grupo de personas que fueron capaces de matar por amor, a quienes no amaban como ellos.

APUESTA A MEDIAS

Lanata consigue desmenuzar los sentimientos y pasiones dentro de la revolución que el Ejército Guerrillero del Pueblo, pero al terminar la novela sobran interrogantes y restan respuestas; lo contado se hace ínfimo. ¿Por qué sólo 160 página y no más? Queda la sensación -quizás es algo buscado por el autor- de haber revivio sólo parte de la historia; queda un vacío que induce a pensar que es un libro incompleto.
Otra cosa: ¿son reales los testimonios, las cartas, las declaraciones policiales? Esa es una pregunta que nunca podrá ser contestada por otra persona que Lanata. Tal vez mañana lo responda, cuando presente en la Feria del Libro Muertos de Amor, tal vez no... y allí de nuevo esa horrible sensación de estar frente a algo que pudo, conociendo la calidad del trabajo de Jorge, ser más y mejor... como esa Revolución que no fue.



FICHA TÉCNICA

MUERTOS DE AMOR

JORGE LANATA
ISBN: 9789870406532
Editorial: Alfaguara
Clasificación: Ficción y Literatura
Páginas: 152
Publicación: Marzo 2007 Idioma: Español
Formato: Rústica
Precio: $29,00

Adio!

viernes, abril 27, 2007

Algo huele bien en Purmamarca*


Desde el sinuoso camino de tierra del Paseo los colorados, ladeado por cerros que parecen sacados de Marte, puede apreciarse la belleza inigualable de Purmamarca: un laberinto de barro y paja, con corredores angostos y casas bajas, perdido en el silencio y la inmensidad de la Quebrada de Humahuaca.
El andar lento de los pobladores marca el compás del paso del tiempo; no hay apuros en este diminuto paraíso de quince manzanas, cuyo nombre significa “Pueblo de Tierra Virgen” en aimara.
La belleza que brota del Cerro los Siete Colores, un palimpsesto geológico que resume en sus tonalidades más de diez mil año de historia, no es lo único que esta aldea de raíces prehispánica tiene para ofrecer: su cultura, su música, su historia y la calidez de su gente, completan este paisaje irresistible, situado a 65 Km de la capital Jujeña.

UN SUÉTER DE LLAMA, 40 GRADOS DE CALOR

Uno de los principales motores de la economía local es, junto con el turismo, la venta de artesanías, que se desarrolla en la plaza de la ciudad. Hileras de caballetes y tablones de madera marcan el perímetro de este paseo de compras, donde pueden adquirirse desde pequeños recuerdos, como un frasco con arena con los siete colores del cerro y mates de madera tallados, hasta elaboradas prendas de alpaca y ponchos.
Comprar ropa de invierno en pleno verano (con el termómetro marcando los cuarenta grados) puede parecer extraño... fuera de temporada; pero los suéteres de lana de llama, un clásico del noroeste argentino, no se toman vacaciones en Purmamarca: pueden conseguirse todo el año, a precios muy módicos, en varios puestos de la feria.
Por las noches, al ritmo de charangos y guitarras criollas, la música copa el paseo de los artesanos, y la plaza se convierte en un gran patio de comidas, donde, bajo las estrellas, se pueden disfrutar las delicias gastronómicas locales, como la humita en chala y los tamales.

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

En Purmamarca, el cristianismo y cultos indígenas conviven a diario en la cultura religiosa de la población. Tanto las tradiciones transmitidas por la tribu omaguaca, como las impuestas por los evangelizadores durante la conquista española tienen su lugar en el calendario de festejos y su espacio físico en la geografía del pueblo.
La iglesia, ubicada frente a la plaza, es una de las atracciones más destacadas de este pequeño edén jujeño, que ningún visitante puede –¡ni debe!– pasar por alto. Ajena al brillo del oro y la suntuosidad del mármol (recurrentes en las construcciones católicas), esta capilla, construida en 1648, impacta por su simpleza: muros de abode y techo de cardón y torta de barro la convierten en una belleza arquitectónica única y atípica.
Declarada Monumento Histórico Nacional en 1941, cada treinta de agosto, una procesión de miles de fieles se congrega en su interior (decorado con pinturas cuzqueñas del siglo XVIII), para rendir homenaje –al ritmo de la música de sikus, erques y bombos– a Santa Rosa de Lima, patrona de la iglesia.
El ritual de la Pachamama o Madre Tierra (de origen inca), y los carnavales, destinados a agradecer y pedir por una buena cosecha, son festejos que llenan a Purmamarca de color, baile y música. Junto con el culto a los muertos, celebrado en el cementerio del pueblo (otro lugar imperdible; a sólo dos cuadras de la iglesia), conforman la herencia mística de los pueblos originarios, que aún sigue en práctica en esta zona del noroeste argentino.

SI LOS ÁRBOLES HABLARAN...

Pegado a la iglesia, se encuentra uno de los grandes testigos de la historia de Jujuy. De pie, mudo y estoico, el Algarrobo Histórico es, para los purmamarqueños, uno de los principales monumentos de su comunidad.
Si su exuberante tronco milenario estuviera habitado por un ánima que lo dotara de voz, este árbol podría narrar todos los momentos en los que fue protagonista mudo de la historia. Contaría el orgullo que sintió al tener a Belgrano descansando bajo su sombra; describiría la asamblea de caciques que se organizó a sus pies, donde se decidió luchar contra el enemigo español; y, sin dudas, gritaría con fuerza la bronca acallada que sintió el día en que, bajo su follaje, grupos armados al mando de Francisco de Algañaraz y Murguía apresaron a Viltipoco, líder de la resistencia indígena contra el enemigo español.
Lejos del realismo mágico de la literatura, en el 2000, el algarrobo habló sin proferir palabra: perdió varias de sus ramas, alarmando a las instituciones de preservación de la provincia. Corrió serio peligro de secarse, ya que el excesivo tránsito vehicular, vinculado al incremento del turismo, había compactado la calle de tierra donde está situado, obstruyendo la normal absorción de agua por sus raíces. Hoy –por suerte– el árbol goza de buena salud... la calle es ahora una peatonal.

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Mi opinión
Patrimonio de la humanidad

La historia nos cuenta cómo este pequeño punto geográfico, ubicado en la Quebrada de Humahuaca, ha visto multiplicada su población, en reiteradas ocasiones, producto del constante paso de viajeros. Primero llegaron los incas y luego, los españoles, ambos con intenciones de conquistar éstas tierras; hoy, son los turistas quienes la visitan, atraídos por su exótica belleza, duplicando –aunque sea sólo por un día– los 415 habitantes censados.
Recorriendo los edificios y monumentos del pueblo, pueden verse de cerca los contrastes que conforman la identidad de esta tierra virgen, donde coexisten las tradiciones indígenas y cristianas, remanentes de la lucha entre los imperios incaico y español.
Actualmente, las diferencias visibles giran en torno al turismo. En cada calle, los rostros redondos y tostados de los lugareños se mezclan con las facciones angulares y la tez pálida de un grupo de turistas, posiblemente escandinavos; mientras que en las esquinas, los niños locales miran asombrados, con sus grandes y brillantes ojos negros, el imponente tamaño de los turistas alemanes, que para ellos son gigantes dentro su minúscula ciudad.
Como ven, en Purmamarca siguen chocando a diario las civilizaciones, pero en paz; hace tiempo entendimos lo importante: un lugar así sólo puede ser patrimonio de la humanidad.


* Esta crónica y columna de opinión fueron escritas para el Taller de Redacción del Profesor Nestor Barreiro en la Fundación Perfil. Espero que disfruten al leerlas, tanto como yo lo hice al escribirlas. Además, como conozco Purmamarca (fuí en el verano del 2006), les recomiendo que la visiten; como digo en la nota es un paraíso.

jueves, abril 26, 2007

Para combatir la nada: el Yoga


Mi vida esta en un punto de inflexión... Bueno, quizas exagero, lo que me pasa es que me siento diferente, deje de ser un estudiante que concurría diariamente a la facultad, actividad que le daba sentido a mi día a día y me obligaba a socializar con gente, cosa que me gusta.
Pero eso cambió. Despúes de haber dado mi último final, y de una larga y merecidas vacaciones, volví a Buenos Aires para comenzar con mi tesis... Tesis que por el momento se encuentra en un parate, por falta de ideas (si bien tengo varios temas en mi cabeza, aún no he podido plasmar al papel un diagrama de como será; y la comunicación con mi tutor esta stand by).
Por esta razón paso mis días durmiendo hasta tarde, por lo general me levanto a las nueve de la mañana... para apagar el de radio-reloj y seguir hasta el mediodía calentito en mi cama. Despúes como, tomo mate, leo los diarios (el clarín que me llega a casa y por internet otros nacionales, de Tierra del fuego y digitales), y a veces veo tele o leo algún libro; mientras por mi mente pasa la fantasmagórica tesis.
Igual no me desespero, Eco me dijo "La tesis es un proceso", no una cosa de un día para otro, como mucho imaginan. Mientras tanto, hago cursos: unos seminarios de comunicación politica organizados por La Crujía y otro de Redacción Periodística de La Fundación Perfil. Todos los jueves juego al futbol, los fines de semana salgo a tomar algo por ahí y siempre que puedo voy a lo de mi novia, para pasar un lindo día junto a ella y a Benito, nuestro perrito.
Como saben, a veces escribo en mi página; mucho menos de lo que desearía hacerlo, pero no siempre me siento seguro como para volcar ideas en el blog.
A todo esto, siempre venía postergando la posibilidad certera de retorna al gimnasio. Me daba vagancia... Pero mi novia me convenció y empezamos hoy en el American Sport, un gym super grande con un toco de clases y muchas máquinas. Siempre fui reacio a gimnasios grandes, no sólo porque la cuota me parecía exagerada, sino también porque me parecía que me ofrecían más cosas de las que podía hacer en mi tiempo libre.
Sin embargo, hoy, ¡sólo tengo tiempo libre! Ni trabajo conseguí, y desde Río Grande no viaja nadie desde Febrero para hacer una cobertura. Así que me anote en el gimnasio, con miras a hacer de todo, con tal de sentirme un poco mejor y, de paso, eliminar esa pequeña pancita, producto de meses de inactividad, amigos, asados y cerveza.
Por eso, para combarti la nada,¡empece yoga!. Fue raro porque nunca había ido a una clase en mi anterior gimnasio y también fue extraño porque era yoga: algo que jamás hubiese imaginado que iba a practicar.
¿Cuáles fueron mis primeras impresiones? Me encantó y, a pesar de que soy poco flexible y el yoga se centra en la elasticidad del cuerpo, me relajó y llenó de energía. Durante una hora, intente cumplir con todas las posturas y la que mejor me salió -creo- fue la de la tortuga. Chive como un condenado, me sonaron los huesos como nunca y la profe me retó por tener chicle (hay que relejar la mandíbula (yo no lo sabía). De todas formas estaba contenta, éramos tres hombres, algo atípico según nos comentó.
¿Llegaré a tener la flexibilidad que hoy vi en señora sesentona? Realmente no lo se, pero de a poco, asumo, voy a poder ir mejorando mi postura, mi respiración y mi estado físico.
Estoy esperando la próxima clasecon ansías, aunque sea hoy mi día no fue tan gris como de costumbre, el yoga me lo alegró.
Nos vemos...

Adio!

martes, abril 24, 2007

Feliz día libros

Libros


Como pude leer en varios diarios ayer fue el día del libro. "23 de Abril - Día del libro", ¡ya lo agende! Por esa siempre cuestión de que hubo un festejo y yo me entere justo en la mitad es que escribo este post.
No recuerdo haber visto una publicidad o una nota o un comercial de TV o un spot en radio promocionando el día del libro. ¿Por qué no avisan boludo? Telerman vos que estas en todo, además sos un referente de la cultura, principal pilar de tu gestión que "en la mitad de tiempo hizo el doble"; ¿Donde estaban los carteles? ¿Hubo lecturas públicas? ¿Festejos en las bibliotecas, en las plazas o sólo en la 33° Feria del libro?
Ojo, quiero aclarar una cosa: no tengo nada contra la feria del libro, pero los cinco mangos que hay que abonar en concepto de entrada no me simpatizan. Hay muchas cosas en la feria del libro buenas para ver: charlas-debate, conferencias, entrevistas públicas, etc.; yo quiero ver todo lo que me interesa, pero no me gusta la idea de pagar tanto (si fuera de un peso, voy siempre).
- ¿Ofertas?
- ¡Olvídense!
Traigo a colación esto de la Feria, porque (oh!¿coincidencia?) ahí se festejó a todo trapo -pito, bombos, matracas, lectura y el clásico vasito de fernet- el día del libro, a cinco pesos la entrada, sin consumisión!
Pero bueno, me fui por las ramas... Yo festeje sólo, mejor dicho en compañía de mis libros y, gracias a una herramienta (libraything) que encontre en el Bloc de Periodista, reconstruí mi biblioteca en formato digital, para que quienes me visitan puedan chusmear algunos de mis bebés, que ayer anduvieron de fiesta!

Adio!